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INFORTUNIO Y ABANDONO

  • radiogaroecadenase
  • 25 jul 2024
  • 5 Min. de lectura


                CRÓNICAS PRETÉRITAS

                 Por Donacio Cejas Padrón


       EL MIRADOR Y EL CAMINO DE JINAMA

            INFORTUNIO Y ABANDONO

 

       Nací y pasé mi infancia en el barrio de El Hoyo, en Frontera, muy   cerquita de La Plaza y de La Parroquia de Candelaria, a la vera del camino principal del Valle de El Golfo, que partiendo de Sabinosa conduce hasta Valverde y El Puerto de La Estaca después de atravesar todos los pagos,  que forman nuestro municipio y llegar hasta Jinama  a través del Camino del Risco  del mismo nombre. El último pago  es el pueblecito de Los Corchos, al pie de la imponente muralla natural  que  divide la isla en dos niveles bien diferenciados. Este camino principal sirvió durante siglos de arteria principal de comunicación  de los habitantes de nuestra isla que a diario lo transitaban  en razón del modelo de explotaciones agrícolas que era acostumbrada entonces,  de disponer de propiedades  en las zonas costeras de El Golfo y las partes altas de  la isla.  Este continuo tránsito de personas  y animales domésticos, mayoritariamente se  hacía por El Camino de Jinama, una vía muy bien trazada según me han dicho los expertos, que logra salvar una altura de más de mil metros  con razonable  comodidad por un camino suficiente ancho para el tránsito de bestias de carga, que a diario lo recorrían transportando vino y otros productos para la exportación.

En razón  de vivir en El Hoyo, junto al referido camino,  el nombre de Jinama sería uno de los primeros que se me grabó en mi mente de niño

curioso, que  veía como mi abuelo saludaba a las gentes que a diario pasaban junto a nuestra casa, además muchas veces dejaban en la cuadra de mi abuelo algunos animales sobre todo  becerritos, para que descansaran y al otro dia continuar con su camino.

El  camino desde Los Corchos hasta Jinama estaba empedrado con grandes lozas de basalto que facilitaban el agarre de las herraduras de las bestias de carga, lo que demuestra  la sabiduría artesanal de quienes fueron  los  encargados  de entallar y colocar las piezas, las cuales durante siglos se mantuvieron perfectamente  cumpliendo su función.

  1. El querido y recordado hombre público de nuestra isla Cayo Armas Benítez, que ocupó varios cargos administrativos en ella, especialmente como Alcalde de Frontera, me contaba la ilusión que tenía de que el trozo de camino entre La Plaza de Candelaria, y Los Corchos, fuera adecentado y remodeladas sus paredes laterales, cuidando  de que las enormes piedras o lajas que formaban el piso del camino quedaran al descubierto como testimonio imperecedero  de un pasado más que centenario.  Algo así he visto en Murcia donde se conserva con gran celo El Camino de Los Romanos, donde las piedras del piso, ya milenarias siguen dando testimonio del  acontecer histórico.  Lamentablemente Cayo no logró su sueño, pues un manto de negro asfalto cubrió ese trozo de camino dejando sepultadas para el olvido aquellas piedras tan preciosas, pero que duermen su largo letargo con la esperanza de que algún día algunas autoridades que amen de verdad a nuestro pueblo,   las  descubran  a la luz del sol y vuelvan a  poder ser contempladas por los 



  1. caminantes.         


Al finalizar el camino ascendente se llegaba a Jinama donde había un lugar para el descanso y donde con fondos procedentes del herreño emigrante en Cuba, mi ascendiente Ignacio Padrón Hernández , y con ayudas vecinales se construyó La Ermita de Jinama, donde se venera La Virgen de La Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, que es  saludada con respeto y devoción por los caminantes al pasar. Junto a ella  se construyó un pequeño almacén donde se guardaba el vino y otros productos  que después se exportaban.

Los emigrantes al regresar de Cuba y Venezuela  se postraban ante La Sagrada Imagen para dar gracias por su regreso, y a continuación emprendían la bajada el el camino ya referenciado.


Al regresar de Cuba en los años sesenta el emigrante D. Matias Castañeda Padrón, y sr nombrado Presidente de El Cabildo de El Hierro, una de sus primeras obras fué  la construcción del Mirador de Jinama, `pues como emigrante al fin, él consideraba que el sitio debía ser dignificado  adecuadamente, y se logró un edificio bastante digno, muy acorde con el entorno  y de acuerdo a los pocos recursos de que entonces se disponía. Se inauguró el año 1,965  y desde entonces había venido siendo un referente muy positivo  del emblemático lugar.

Pero, yo no sé porque razón, hace unos años,  de manera sorpresiva  se demolió el referido

Mirador de Jinama, tan bonito y armonioso, sin ninguna necesidad para ello,  sin tener en cuenta para nada que era algo que ya formaba parte del Patrimonio  Histórico de nuestra isla , y como tantas veces a sucedido en El Hierro, se destruyó algo que estábamos obligados a conservar para las generaciones futuras.  Parece ser que algún iluminado consideró que era hora de hacer otro mirador, es posible que fuera necesario, no lo sé, pero bien sé podía hacer otro sin destruir lo que ya estaba hecho, y que tan buenos servicios había prestado.  Con estas acciones tan insensibles e inexplicables  nuestro pueblo ha perdido valiosos testigos de la historia pasada, me refiero a la Bodega y el Lagar de D. Matías en Tigaday, y  también la Bodega y el Lagar de D. Francisco Padrón en El Hoyo, el Altar Mayor de la Parroquia de Candelaria, una verdadera joya de la ebanistería canaria.  La Montaña Tamásina en Los Llanillos, sigue sufriendo el acoso desaprensivo  de  algunas personas que en la noche siguen extrayendo jable de sus entrañas.

Pues así, casi por sorpresa se demolió el antiguo y bonito Mirador de Jinama y se construyó otro que  no está nada acorde con el entorno ni con el lugar, según he oído a personas capacitadas sobre la materia, pero lo peor es que a muy poco tiempo de su construcción ya presenta grandes deficiencias en su estructura que aparentemente no permiten su  inauguración y puesta en servicio, con lo cual,  no hemos avanzado nada. Me ha comentado un profesional de la arquitectura que los materiales metálicos usados no son aptos para lugares húmedos como Jinama, y que eso lo sabe hasta un estudiante de primer año de  la carrera.

Por otra parte, no se ha mejorado el entorno del lugar, como por ejemplo se hizo en El Mirador de La Peña con aquellas bonitas y tradicionales paredes de piedra, que hermosean la zona.

Para colmo de males, ha habido un desprendimiento de piedras en una parte del camino del Risco de Jinama que  lo hace intransitable, y teniendo en cuenta que se acerca La Bajada de La Virgen de Los Reyes el próximo año, no sabemos qué respuesta se le va a dar a esta situación. 

Posiblemente haya que exclamar aquella famosa frase de nuestra tierra, ¡Que Dios nos coja confesados!


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